El terror de los Nazis: “Las brujas de la noche”

Erick
Erick Daza – Estudiante de historia y Difusor de la Historia en YouTube.

Los principales contendientes durante la Segunda Guerra Mundial, por algún tiempo completaron las filas de hombres con regimientos femeninos de zapadoras, conductoras de tanques de guerra y hasta francotiradoras. Muchas de estas mujeres reclamaron su lugar en la Historia en una doble lucha: contra los Nazis y contra el sistema heteropatriarcal de opresión machista. Al término de la guerra, por lo menos en la Unión Soviética, más de 100 de ellas recibieron el título de ‘Heroínas’ y otras 50 lo obtuvieron después de morir. En esta época nace la leyenda de “Las brujas de la noche”.

Mujeres pilotos

Inglaterra creó el Air Transport Auxiliary o ATA, aceptó a más de 160 mujeres. El ejército estadounidense incluyó en sus filas a casi mil mujeres. En Alemania no fue diferente, la piloto Hanna Reistsh se hizo célebre por la obtención de varios récords. Solo la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) incluyó a las mujeres en unidades de combate: el regimiento soviético de bombardeo nocturno número 588, mejor conocidas como “Las brujas de la noche”.

Cuando Hitler rompió el Pacto de No Agresión con la Unión Soviética en junio de 1941, los alemanes sorprendieron a los rusos al lanzar la Operación Barbarroja, es decir, invadir la URRS.

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Marina Raskova, una de las mujeres que había recibido una medalla de heroína de la Unión Soviética antes de la Segunda Guerra Mundial, lideró una campaña para que las mujeres también pudiesen luchar contra los alemanes en el aire, esto debido a que ella era instructora en la Fuerza Aérea.

Por su amistad con Stalin, se decretó una orden para que las mujeres se incorporaran a la guerra. Más de un millón se alistaron como francotiradoras, zapadoras y conductoras de tanques; consiguió su objetivo: se crearon tres Regimientos aéreos compuestos únicamente por mujeres, la división 586, la división 587 y, la más famosa de todas, el regimiento 588 de Bombardeo Nocturno. Este último estaba compuesto de 115 a 400 mujeres, entre pilotos y personal de tierra, y tenían entre 17 y 22 años. Cuando Marina se encontró con todas ellas, le asustó que mujeres tan jóvenes pudiesen morir.

El rigor en los protocolos

Lo primero que se les ordenó fue que se cortaran el cabello para asemejarse más a sus compañeros masculinos. Los alemanes avanzaban rápidamente, el entrenamiento que debían recibir se vio reducido de varios años en la Academia Aérea a un tiempo récord de seis meses, aquel grupo de inexpertas mujeres recibió un entrenamiento intensivo en técnicas de combate, pilotaje y supervivencia. Algunos afirman que estaban incluso más preparadas que muchos de los soldados varones.

Una vez finalizado, todo lo que el ejército rojo les pudo entregar fueron unos anticuados aviones Polikarpov 2, biplanos de los años veinte dedicados a tareas de fumigación y entrenamiento. Debido a que todos sus compañeros masculinos las veían como si no fueran nada, como si no estuvieran a la altura, no les entregaron los uniformes que ellas pidieron así que acabaron vestidas con uniformes masculinos y con botas que debían rellenar con ropa para evitar que se deslizaran de sus pies, aquellas mujeres deberían combatir con unos aeroplanos hechos de madera con lona que no ofrecían protección alguna.

El terror de los Nazis: “Las brujas de la noche”

Estos aviones eran demasiado lentos, no tenían radio ni paracaídas (decían que preferían morir que caer en manos de los alemanes), tampoco tenían mapas, podían perderse con facilidad (una de estas aeronaves fue descubierta en Groenlandia al finalizar la guerra).  Llevaban dos tripulantes (piloto y navegante) y tenían capacidad para dos bombas que, en algunas ocasiones y debido a los obsoletos sistemas de lanzamiento, debían tirar a mano.

En principio, no tenían ninguna posibilidad frente a los veloces cazas alemanes pero su maniobrabilidad les permitía realizar bruscos y rápidos giros que dificultaban enormemente la posibilidad de ser abatidas.

Por la noche, las pilotos tenían que soportar temperaturas bajo cero con riesgo de congelación (durante los duros inviernos soviéticos, tocar un avión helado conllevaba el riesgo de que la piel se quedara adherida de inmediato al fuselaje). Además, los aviones eran tan pequeños que no tenían ni bodega para almacenar las bombas, y como sólo podían transportar dos artefactos explosivos a la vez éstos iban apoyados en su regazo. Aquellas valientes pilotos realizaron su primer vuelo de combate contra la Luftwaffe el 12 de junio de 1942.

El mito apenas comenzaba

Hubo que esperar a 1944 para que aquellos biplanos fueran equipados con ametralladoras. Volando a una altura de tres mil metros y a 120 kilómetros por hora, estos aviones eran difíciles de detectar. Todas sus misiones las realizaban de noche, llegando a efectuar entre 10 y 15 salidas en un solo día. Siempre volaban en grupos de tres: dos de los aviones actuaban como señuelos y el tercero, después de apagar el motor y planear más lentamente que un paracaidista lanzaba las bombas sobre el objetivo, y así hasta que las tres aeronaves culminaban la misión.

El ruido de las alas de los Polikarpov 2 al rozar el aire era comparado por los alemanes con el de una «escoba» y de ahí el apodo que se ganaron por parte del enemigo: Nachthexen o “Las brujas de la noche”.

La ideología de los líderes Nazis siempre tuvo tintes de esoterismo y magia, pero si alguna vez tuvieron verdaderos motivos para creer en brujas las responsables fueron las Nachthexen.

El motor apagado producía un efecto psicológico devastador en los campamentos Nazis. Apenas se escuchaba el silbido del viento al rozar la estructura del avión. Los franceses les pusieron el nombre de «Hechiceras de la noche» y sus compatriotas las llamaron «Hermanitas».

El terror de los Nazis: “Las brujas de la noche”

Integrado únicamente por mujeres, el escuadrón 588 impuso el terror entre los alemanes, los cuales llegaron a pensar que tomaban algún medicamento que les hacía tener una visión nocturna perfecta.

Desde 1941 hasta el final de la guerra, las mujeres de este Regimiento realizaron 23 mil 672 misiones y lanzaron más de 3 mil toneladas de bombas. Perdieron a 31 tripulantes (el 27% del total) y 23 «brujas de la noche» fueron condecoradas por la Unión Soviética.

La Mayor Marina Raskova, quien logró que se abrieran esos regimientos femeninos, falleció en una misión en 1943.

Otras aviadoras con nombre propio fueron: Nadya Popova y su tripulante Katya Ryabova que llegaron a realizar 18 misiones en una noche; la teniente Irina Sebrova intervino en mil ocho misiones y sobrevivió las dos veces que fue derribada consiguiendo llegar a su base.

Piloteando aviones de combate o enfrentándose cuerpo a cuerpo en el campo de batalla contra el enemigo, “Las brujas de la noche” fueron un elemento letal de la URSS.

Erick Daza es Estudiante de historia y Difusor de la Historia en YouTube.

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