¿Demonios en el convento? El caso de las monjas poseídas de Loudun

Erick
Erick Daza – Estudiante de historia y Difusor de la Historia en YouTube.

Vayamos a la Francia de 1626 donde se fundó un convento de monjas ursulinas, esto en la ciudad de Loudun, 300 kilómetros al suroeste de París. Ahí había congregadas 17 monjas entre las que destacaba Juana de los Ángeles, una mujer encorvada por una enfermedad, pero con una inteligencia aguda.

En aquel lugar también figuraba Urbain Grandier, un cura que tenía todas las cualidades de la época para ser considerado atractivo; Grandier no estaba comprometido con sus votos de castidad y eso le trajo varios enemigos.

Se le acusó ante la justicia episcopal, pero tenía contactos que lo absolvieron de los crímenes, así que, burlándose de sus detractores, después de ausentarse por un tiempo, regresó a la misma ciudad.

Juana también cayó en los encantos de Urbain Grandier y le pidió que fuera su director de conciencia, pero éste se negó. En su lugar, el canónigo Mignon, considerado el peor enemigo de Grandier, aceptó el puesto.


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Resulta curioso que el canónigo Mignon apareciera al mismo tiempo que los sucesos macabros por lo que se iniciarían los exorcismos hacia las monjas, quienes creían ver fantasmas entrando y saliendo de las ventanas o atravesando las paredes, al mismo tiempo que escuchaban ruido de cadenas por todo el convento.

Algunas vieron una bola negra que cruzaba el refectorio (sala destinada a comer) y a un extraño hombre de espaldas. Cada vez más trastornadas, las religiosas eran presa de temblores y rechazaban comulgar. Así, pues, comenzaron los exorcismos.

 

Un ritual en contra del mismo Diablo

Cuando le llegaba el turno a Juana, comenzaba a hacer violentos movimientos y a lanzar gritos horribles. Mignon logró expulsar del cuerpo de la religiosa al demonio Asmodeo, pero, al parecer, estaba infestada de demonios. Zabulón, Isacaaron, Leviatán, Balaam y Behemoth, entre otros, decían estar dentro de la monja.

En un momento de lucidez, Juana de los Ángeles dijo que Grandier había traído al convento a la hueste de Satanás después de pactar con ellos y entregarles un ramo de rosas; días después se encontró en el convento una carta con ese supuesto pacto diabólico.

El manuscrito representó una nueva acusación en contra del cura libertino, y esta vez, incluso, para llevarlo a la hoguera, pero los contactos hicieron su trabajo de nuevo y fue absuelto de todo cargo en su contra.

No obstante, por órdenes del cardenal Richelieu, llegó a Loudun el juez Jean de Laubardemont con el objetivo de imponer orden. Otra de las misiones de este nuevo personaje era demoler el castillo de la ciudad, propósito que no lograba conseguir, puesto que, los habitantes del lugar se oponían y Grandier los apoyaba. Fue entonces cuando, en represalia por su oposición al cardenal, se reabrió el caso de brujería en su contra. Urbain Grandier fue arrestado.

Mientras tanto, los exorcismos siguieron. Juana de los Ángeles dijo que el contacto con los demonios dejaba marcas y que Grandier tenía varias, por lo que se dio la orden de enviar a un cirujano a la cárcel para comprobar lo dicho valiéndose de la tortura.

Acusación tras acusación, el cura negaba todo. En un último intento de confesión, se le puso una camisa rellena de azufre y fue llevado a la hoguera. Jamás se declaró culpable. Contrario a lo que se pensaría, su muerte no trajo el fin de las posesiones en las monjas.

Los demonios se fueron con el tiempo, en tanto que Juana quedó gravemente enferma; todos pensaron que su fin llegaría pronto, pero no fue sino hasta 1665 que murió con una autobiografía publicada y con todo el prestigio que se podría imaginar de una monja.

Erick Daza es Estudiante de historia y Difusor de la Historia en YouTube.